miércoles, febrero 1

25

Ad portas de mi cumpleaños número veinticinco y a propósito del retorno de la discusión sobre muros sólo puedo describir la sensación de este preciso momento en mi propia historia como una división de tamaño comparable a la que pueda crear el concreto. Por un lado, la distancia que ha puesto el invierno entre el sol y mi cuerpo me duele en la carne y me perturba la conciencia. En ocasiones me sueño en Colombia, ya sea en la selva con los pies descalzos respirando el olor a fértil tierra mojada, o en el bosque seco en donde está Cúcuta contemplando ese verde particular que toman las plantas después de un aguacero, o en alguna playa de su Caribe de nuevo descalza a resguardo del sol y tendida en una hamaca entre palma y palma.

Por otro, a veces me encuentro una que otra cosa que de inmediato me envuelve en un mundo distinto. El fin de semana pasado, por ejemplo, fuimos a Colmar. La belleza colorida y dulce de la ciudad me devolvió algo de calor al espíritu y me trajo de vuelta la fascinación por una historia dividida entre franceses, suecos y alemanes. Algo que a la distancia de siglos y décadas puede leerse como el encanto europeo de tejidos entrecruzados a razón de cohabitar en una tierra relativamente estrecha para el tamaño de las aspiraciones expansionistas de los hombres. Algunas otras veces, con diccionario en mano, o para ser más sinceros, en la punta de los dedos, me sumerjo en alguna lectura; leo sobre Bach e inclusive intento seguirle en mi paso, bastante lento, en un instrumento poco considerado por él, la guitarra, o entro en las cartas Kafka y en textos como aquél famoso fragmento que nos incita a la lectura de aquello que nos estremezca el espíritu, libros que rompan el mar congelado que habita dentro de nosotros. Ni Kafka ni Bach habrían surgido en un mundo distinto: Bach no habría podido crecer de tal manera sin ayuda de una corte europea y sin el invierno Kafka posiblemente no habría llegado a la imagen del mar congelado y este razonamiento me devuelve de nuevo a mi presente y a la oportunidad de descubrir una realidad a la distinta en la que vi mi origen.

El resto del tiempo lo dedico a tareas que me devuelven la sensación de unidad: el cuidado de las plantas, la escritura, la comida, el entretenimiento peligrosamente anestésico y a soñar con que en este mundo o en el otro puedo encontrar un lugar para mí, un propósito. Algo que no logré encontrar en mi propia lengua y que tampoco he encontrado en otra. Sigo trabajando para poder fabricar algo que me devuelva eso que desde hace un par de años no he podido encontrar allá o acá. La división se desvanece cuando recuerdo este punto y vuelvo a mi persistente inquietud de cómo lograron otros hombres en otros mundos y otros tiempos encontrar su propósito. Cómo encontraron la fortaleza y la sabiduría (o la debilidad y la tontería) para reconocer (o crear o creer en) su causa y dedicarse a ella a plenitud.



jueves, noviembre 12

Plath: Mujer en la novela, mujer en el tiempo


Time is a great machine of iron bars
That drains eternally the milk of stars.
Sonnet: To Time

Últimamente me he visto perseguida por la idea del tiempo y el género como factores decisivos en la formación de nuestros destinos. Cuando hablo de la formación de destinos me refiero a la forma en la que el tiempo en el que vivimos y las circunstancias de ese tiempo terminan por definirnos y también cómo el tiempo trata a una misma vez a un género y otro de formas radicalmente diferentes. Este es un factor a considerar en toda la historia de cada individuo, de este dependerá el nombre y el color de la ropa (estrictamente los azules y rosados marcaban la diferencia en un pasado muy cercano), la educación, lo que está permitido saber, ver y lo que no y, finalmente, la formación para un hacer y un ser: cómo comportarse socialmente, cómo adaptarse a los parámetros estéticos de su época. Me ha sido inevitable encontrar montones de manifestaciones de aquellas palabras, tal vez porque  me he visto a mí misma definida por mi género y por "mi tiempo" y más que a mí, a tantas otras criaturas; desde mi lectura personal como una manifestación más, apareció la única novela de la norteamericana Sylvia Plath.

The Bell Jar presenta la voz de una jovencita brillante y prometedora recién despertando en su condición de mujer en los años cincuenta en Estados Unidos. Esto es,  el descubrimiento del juego de la sexualidad, la aparición de las expectativas corporales. el discurso de la ley de la castidad, la exposición a la desnudez. Esto último, natural Mientras la desnudez femenina ha sido ampliamente explorada y explotada, la desnudez masculina, en cambio, ha permanecido de alguna forma oculta, Plath reconstruye este descubrimiento desde el ángulo de una joven, y contrario a lo que un público acostumbrado a la explotación de la libido esperaría, el encuentro resulta tan excitante como encontrarse con un plato de mollejas crudas o con un cuello de pavo.

La crudeza de la genitalidad masculina es sólo un momento en la vida de una mujer y sólo un episodio en la novela mientras la presión de cumplir el rol al que está llamado finalmente el sexo en su sociedad es una preocupación vitalicia. En el tiempo de Esther Greenwood, el matrimonio y la maternidad eran, más o menos, destinos implacables. Las niñas crecían con la idea del matrimonio como la cumbre de la realización personal, el día más feliz de la vida, y la formación como esposa era por tanto parte de la educación esencial para una mujer que debía ser entrenada para tal servicio. Su destino se asoma de diferentes maneras, la más próxima era la historia de las mujeres a su alrededor, la de la madre de su novio, que como esposa de un profesor de universidad y profesora ella misma, dedicaba sus horas a la limpieza y la cocina.

La obra explora varias dimensiones de la tontería humana, como la compra innecesaria de un atuendo costoso e incomodo, pero también presenta problemas difíciles de medir como el de la salud mental y el tratamiento de la depresión, enfermedad que asociaba en la novela con la sensación de estar dentro de una campa. De la depresión se sabía muy poco hace sesenta años, cuando empezaba el descubrimiento que involucró experimentos con tratamientos como terapias electroconvulsivas y lobotomías sobre pacientes que no respondían a la medicación. En la novela, Esther debe enfrentar un problema difícil de controlar, que la lleva a las terapias de choque, al intento de suicidio y posterior reclusión en una casa de reposo. Esta obra semi autobiográfica incluía episodios de la vida de Plath que ficcionalizó y aunque se ha querido (y en muchos casos se ha necesitado) anunciar la muerte del autor, en muchos casos y en este en particular es realmente complicado separar al autor de su obra. Es común practicar la lectura e imaginar quién está detrás de las palabras, inclusive lanzarse al ejercicio de leer en la vida lo que no nos dice la obra. En este caso es una tentación teniendo en cuenta la historia del personaje principal y lo que se sabe del final de la de Plath un mes después de su última publicación, con la cabeza en un horno y la intoxicación por gas. Sin embargo a tal distancia lo único que podemos afirmar es que Plath se enfrentó a su tiempo y dejó una obra que nos permite, entre otras cosas, repasar el problema de la mujer y de la mujer en el tiempo. Qué tan diferente es su tiempo del "nuestro", es la pregunta con la que no puedo evitar encontrarme al final de aquellas páginas. 

lunes, octubre 12

Recordar un doce

"Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos". De esta manera concluía el registro de Colón del once de octubre en su diario sobre la llegada a Guanahani, que después sería recordada como el inicio de una trasformación trascendental bajo distintos nombres; y naturalmente, no todos los pueblos recordarían la misma versión de la historia. Mientras el doce de Octubre es en Colombia y algunos otros lugares de Latinoamérica El Día de la raza,  en España es el Día de la hispanidad, una celebración nacional que ve la colonización como un triunfo que define parte de una identidad. En otros lugares el día no está dedicado a Colón, sino a las resistencias indígenas como sucede en Venezuela y Argentina. En el caso de Chile se conoce como el Día del descubrimiento de dos mundos, aquí el nombre de la celebración no sólo reúne una dosis de dramatismo justa sino que además señala con gran precisión lo que se conmemora: El encuentro de realidades diferentes (incapaces de comprenderse y a las que sin embargo su falta de entendimiento no impidió que se mezclaran a fuerza de dominación justificada por una fe o de resistencia y sincretismo) definiría una parte importante del mundo. La conquista fue el inicio de la conformación de la cultura de millones de personas, la muerte de millones de otras y el comienzo de una carrera que hoy la historia recuerda como un triunfo en unos casos mientras en otros es la realización de la desdicha. En ambos se puede decir con igual sentido que así inició la vida de América como América y América a los ojos del viejo mundo.

Durante los primeros siglos América no es vista tanto como imaginada a la medida de las mentalidades que se acercaban a ella. Como mundo recién visto por los ojos europeos fue el lugar idóneo sobre la Tierra para trasladar sus mitos: el Dorado, el Edén, las amazonas, eran algunos de los mitos que encontraban en el nuevo mundo una posibilidad de existir. "El descubrimiento podía servir de escenario a todas las ideas de primitivismo que Europa conocía", escribe Rojas Mix. Las imágenes de América han variado tanto como las transformaciones del imaginario pero la imagen que proliferó en primer lugar era aquella en la que América correspondía con el descubrimiento del paraíso del que el viejo mundo había sido expulsado. El ejemplo que nos podría servir para esta es el la imagen de un papagayo, Adán y Eva del siglo diecisiete que no es una creación completamente original de Rubens, aunque tiene sus particularidades, sino una copia de la obra que había pintado Tiziano a mitad del siglo dieciséis. En esta copia hay variaciones importantes como la forma corporal de Adán, la cara del querubín en el árbol y la presencia de un papagayo rojo que renueva la historia del génesis con un toque del nuevo mundo. Mientras Adán intenta evitar que Eva tome el fruto, la escena es contemplada por un papagayo que se interpreta como la presencia del "bien" o lo "bueno" frente a otros símbolos que estaban en la pintura original de Tiziano. Pero América no serviría solamente para construir un Edén, había espacio suficiente para otras representaciones y para criaturas cargadas de distintos significados. El doce de Octubre Colón documentó no haber visto bestias sino papagayos, pero otras muchas bestias habrían de emerger de grabados, testimonios y crónicas sobre el nuevo mundo. Aquellas eran imágenes a partir de América que diferían de lo americano, eran más bien presentaciones a partir de América en la mentalidad que la descubría. Así aparecían, por ejemplo, figuras y testimonios sobre los ewaipanomas, criaturas acéfalas cuya cara estaba incorporada al tronco, o sobre orejones, que como lo indica su nombre ostentaban largas orejas o los gigantes que Magallanes describía en sus crónicas. El rumor de la monstruosidad se reproducía no sólo en cuerpos fuera de proporciones, de las mismas reglas de la naturaleza, también se observaba en las prácticas: el canibalismo, el sacrificio ritual de humanos, inclusive el parecer "gente muy pobre de todo (...) todos desnudos como su madre los parió", como escribe Colón para el mismo día de su llegada a la primera isla en el diario, justificaba la instalación. Ante los ojos del otro, eran pueblos desprovistos de cultura y de religión, de practicas horrorosas. La conquista se convertía entonces en una campaña de "culturización" que se legitimaba a sí misma. Espadas, Cruces de madera y oro serían las armas principales. A ojos del conquistador la falta de humanidad o la humanidad inferior facilitaban el ejercicio de la dominación, convencidos de que llegaban cargados de una verdad que debía poner orden al nuevo mundo.

La dureza de las practicas quedó para la posteridad en obras como Brevísima relación de la destrucción de las indias de Fray Bartolomé de las Casas, en la que hace una denuncia como ninguna otra en su tiempo, con el agregado de que venía de un hombre que había peleado del lado de los conquistadores y también había sido comendero antes de recibir las órdenes y posteriormente renunciar a sus encomiendas. La lectura que hace la historia actual clasifica de poco fiable la denuncia de de las Casas, sin embargo, los Estudios Literarios realizan una lectura mucho más amplia del texto y toma exageración en la cifra de muertes en la denuncia del Fray como un recurso estilístico que el autor usa con la intención de sensibilizar y convencer a toda costa de los horrores de la administración española en el nuevo mundo. En tal lectura tampoco pasa desapercibido que aquellas denuncias se extendieran debido un choque de intereses entre la conquista con la espada y la conquista con evangelización. A pesar de esto no se considera que el documento pierda valor como objeto literario ligado a la realidad social de una época en la que la escritura, en su sentido más estricto y al menos hasta tiempos de Fray Bartolomé, era una herramienta conocida y de hecho útil para los europeos.

El nuevo mundo estuvo, una vez identificado por el otro, puesto al servicio de él, no sólo en la materialidad, en la explotación de recursos y mano de obra sino también al servicio de un imaginario. Todo esto vuelve a la memoria más fácilmente en un día como este y las reacciones de parte de los latinoamericanos no superan el lamento histórico por un pasado degradante e inmerecido que tomó forma de destino. No se puede ignorar que lo que ha hecho este continente lo que es, ha sido la suma de realidades, muchas veces terribles, como la esclavitud y aún más terribles como la abolición de un pasado original; un personaje de García Márquez decía de América que era "un continente concebido por las heces del mundo sin un instante de amor: hijos de raptos, de violaciones, de tratos infames, de engaños, de enemigos con enemigos". Así surgieron naciones que aún conviven con muchos de los problemas provocados por la forma en la que surgieron y sin duda es un doloroso origen que nos lleva a un conflicto con la propia existencia e inclusive muchas veces a ejercicios inútiles como luchar contra eventos y personajes de siglos atrás, tomando posiciones de cazadores de fantasmas. Deshacer estas realidades a través de ejercicios de suposición de cómo habría sido el mismo mundo con otro origen no parece más provechoso. Antes de pensar de esta manera, sería conveniente preguntarse algo, ¿después de todo no son los Hombres de hoy en gran parte los Hombres de hoy por lo que sucedió en el pasado? ¿Aunque renieguen de su existencia producto de tal pasado, renunciarían a ella por voluntad propia? En Del sentimiento trágico de la vida Unamuno escribía sobre la tendencia natural de la vida, del hombre por tanto, a conservarse a sí mismo, su deseo de permanecer, de perseverar en su "ser", de perpetuar su existencia: "Más de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas. Y es que los hombres desgraciados, cuando conservan la sanidad en su desgracia, es decir, cuando se esfuerzan por perseverar en su ser, prefieren la desgracia a la no existencia".  Hay muchas formas de recordar el pasado, y parece que lo único que le queda al hombre que se reconoce en un origen desgraciado, pero que no puede ni quiere o debe renunciar a su existencia es llevarse más allá de las desgracia.

miércoles, septiembre 30

Cerrar (un acuerdo), la inevitable naturaleza del ciclo

La Tierra está definida por ciclos que dependen de la relación del planeta con el sol, la vida se ha formado dentro de aquellos tejidos. Esto deja claro por qué equinoccios y solisticios se han celebrado como garantía de vida desde tiempos remotos. Hoy varias culturas continúan con la celebración de las fases del ciclo solar, y en el caso de muchas otras que han dejado de relacionarse con el cielo como el proveedor de información necesaria para la supervivencia, el ciclo es aceptado comúnmente como símbolo de vida. La idea del ciclo como un  movimiento periódico que al terminar su recorrido empieza de nuevo desde el mismo punto no sólo está asociada a la vida, sino que como concepto sirve para pensar fenómenos de otras dimensiones en la fisiología, en la matemática, en la historia.

Hace unos días se celebró el equinoccio que marca el inicio de otoño para el hemisferio norte y de la primavera para el sur y con esta celebración coincidía el anuncio sobre el acuerdo de paz en Colombia con uno de los grupos guerrilleros más conocidos del mundo occidental, según esto el enfrentamiento tendría caducidad. En tal punto del año, la promesa del resurgir histórico que se anuncia con la víspera de la paz se presenta tan inquebrantable como la promesa del ciclo. Los diálogos iniciaron en el 2012, seis meses antes de que se anunciaran públicamente, y la Habana fue el lugar que se fijó para los encuentros. Cuando se anunció el inicio de los diálogos en Cuba las nuevas generaciones difícilmente recordaban lo que la revolución de 1959 había significado en general y en términos más concretos su repercusión en la historia. Hoy la revolución cubana es en muchos casos vista sólo como un recuerdo, el comienzo de un régimen o una "dinastía familiar"; en otros tantos el tema ni siquiera enciende una luz, a simple vista no tiene nada que ver con el mundo de hoy. Además de ofrecer el lugar y el ambiente político propicio para los diálogos hay una relación muy sencilla que pasa desapercibida entre Cuba y Colombia que nos complacemos en curiosear y que explica por qué Cuba es un lugar peculiar para cerrar, como es ineludible en el ciclo y también en el ciclo de la historia, el acuerdo que fija un precedente en medio siglo. Para ver esta relación hay que regresar en el tiempo, aunque hay que advertir que es un viaje simplificado por la escritura.

La revolución cubana, como otros acontecimientos que han influido en la historia, fue un suceso que ofreció un espectáculo que encantó al mundo y que popularizó un mensaje, en este caso el mensaje transmitía la posibilidad de hacer una revolución inclusive a una irónica distancia de su principal oponente. Cuba era "libre" desde inicios de siglo, pero los intereses norteamericanos controlaban la isla antes de la revolución, con esta una promesa emergía de Cuba y viajaba por el mundo fertilizando la mente de generaciones y espantando a tantas otras que temían el comunismo y que veían en esta revolución el crecimiento amenazante de aquel sistema. El bloqueo económico fue un problema que tuvo que afrontar la revolución muy pronto y durante los primeros años esta carga no parecía más que engrandecer el valor de la resistencia. Los ojos del mundo estaban sobre "la perla del Caribe" y tal popularidad atrajo el interés que se vio reflejado de diferentes maneras, una de ellas el incremento de la demanda editorial. Sin embargo, la popularidad caducó pronto, en los años setenta, con ciertos acontecimientos, decisiones y medidas políticas que modificaron la apreciación sobre el proyecto que se llevaba a cabo y la estimación fue de "revolución" a "régimen" progresivamente. Aunque no hay que dejar de mencionar que muchos continuaron del lado de la revolución, el mundo parecía, además del bloqueo económico que ejercía Estados Unidos, cerrarle las puertas. De esto tomamos una parte y sobre todo un punto en particular: la promesa que  la revolución creó para muchos y que contagió a una década (¿qué sería desligar los años sesenta en el mundo occidental de la revolución cubana?). Aquella promesa tuvo repercusiones en la forma del mundo de ese entonces (y del mundo posterior, el que vivió la ruptura de esa promesa). La revolución se presentó como una posible solución a los conflictos que enfrentaban otros grupos humanos y como idea tuvo una tendencia expansiva; Cuba fue el modelo de cómo hacerla posible. Los grupos de guerrillas surgieron en diversos lugares como brotes de pasión revolucionaria que veían en la estrategia militar la posible solución a los problemas que los aquejaban en sus propias circunstancias. En una de sus famosas declaraciones en 1962, La segunda declaración de La Habana, Fidel Castro, se refiere a las fuerzas que querían quitarse la cadena de la dominación, a quienes venían armados de "piedras, palos y machetes defendiendo con su vida la tierra que les pertenece (...)  llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas, haciéndolas correr en el viento por entre las montañas o a lo largo de los llanos" a por el restablecimiento de la justicia negada. Y en efecto la formación de guerrillas fue una realidad, una señal que arrojaba la historia en su época. Numerosas guerrillas surgieron y Cuba fue un faro importante para algunas de ellas. Hay varios ejemplos que pueden servir para ilustrar la situación: Guerrilha do Araguaia en Brasil; Movimiento de liberación nacional los Tupamaros en Uruguay; Ejército revolucionario del pueblo en Argentina; Ñancahuazú Guerrilla en Bolivia; Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia. Muchos otros grupos surgieron en aquél tiempo pero estos se pueden vincular sin mayor titubeo con la influencia de la revolución cubana y en algunos con la presencia misma del Che, hasta su captura y ejecución en Bolivia. Inclusive al continente africano, concretamente a Ángola, se trasladó apoyó militar de parte de la revolución cubana.. El marxismo y la revolución rusa influyeron en esta conformación de pensamientos, así que no se puede hablar de una idea que se extendió por causa de la revolución cubana, sino de todo un proceso de acumulación de ideas revolucionarias que se puede rastrear a varios eventos y lugares que bajo las condiciones de injusticia tuvieron la oportunidad de brotar. Sin embargo, Cuba era el antecedente más cercano, la revolución francesa estaba atrás en el tiempo y había sucedido en un continente diferente, con gentes diferentes, a fin de cuentas había sido una revolución burguesa; la revolución rusa era también lejana en la geografía y el tiempo, aunque aparentemente viva para unos en la Unión Soviética. Cuba, en cambio, está muy cerca en mucho sentidos: es una isla en el Caribe que comparte la lengua y los procesos de Latinoamérica, esto le permitió tener una gran repercusión en el área.

En su cercanía con Colombia se puede decir que tienen en común procesos de esclavitud, dominación y exterminación que vivieron como colonia española (y cristiana) y los residuos de ello en su historia posterior definida por violentas luchas internas por modificar la administración. La revolución llegó a Cuba por la gestión de una guerrilla que se ocultaba en Sierra Maestra. En Colombia, desde finales de los años cuarenta habían surgido guerrillas liberales que se alzaban en armas como reacción al conflicto bipartidista que se refugiaban en los intrincados espacios de la geografía. El comunismo estaba presente y por un breve período estuvo asociado con sectores del liberalismo del lado del que combatió, pero posteriormente se convierte en un grupo al que conservadores y liberales combaten por igual, y que después de la creación del frente nacional es objetivo principal de exterminación por parte del Estado. Habría que resurgir, de otra forma, con otra organización y otra forma militar y política, y así surgieron las Fuerzas armadas revolucionarias. Las Farc se dieron a conocer oficialmente bajo este nombre en 1966 con la Segunda conferencia guerrillera del bloque sur con lo que presentaban también un programa político y militar, una estructura definida y unos objetivos también claros. La experiencia dejada por la lucha guerrillera que había iniciado como parte de la guerra entre partidos le había dado a la organización de ese entonces, que consistía en 350 miembros, la experiencia suficiente para continuar con propósitos más ambiciosos y con una organización más clara, la gran lección que las guerrillas cubanas habían dejado para el proceso. Desde entonces este cuerpo armado fue fortaleciéndose, en estrategia y en recursos, y con el tiempo su existencia se volvió más compleja que un grupo que acude a las armas para restablecer la organización cargado de deseo de justicia, furia y machetes. La inspiración que Cuba ofreció no es lo único que se puede atribuir a su relación con las guerrillas colombianas. Se señala en la isla el origen de parte del entrenamiento recibido por miembros de las Farc y otros grupos guerrilleros como el ELN y el M-19. También ha sido el gobierno cubano, que hace menos de un año reactivó sus relaciones con Estados Unidos, intermediario en el proceso de negociación con estos grupos.

El equinoccio celebrado hace poco expide una fecha de caducidad para parte de este conflicto y nos recuerda la celebración del ciclo como anticipación de la vida. Desde La Habana, donde el Fidel de los sesenta hablaba de una revolución de los pueblos en América "armados de piedras y machetes", hoy se persigue ya no la expansión de una revolución sino un acuerdo que pretende disminuir el impacto de la guerra en Colombia. El acuerdo promete entre otras cosas el cierre del ciclo y la inauguración de un tiempo diferente que llaman al detractor, no a creer ciegamente en la disolución de los problemas políticos, sino a no interponerse a una clausura necesaria para la regeneración de la historia.

miércoles, septiembre 16

Mujer y destino

Dale el precio del dolor a tu pasado, (...) haz menos escabroso tu camino.


Siempre me ha llamado la atención lo curiosos que son algunos caminos y cómo nos encontramos con ciertas personas y objetos que nos transforman. Hace un tiempo cayó El segundo sexo en mis manos. No tenía tanto interés en entrar en el tema de "género" como en mantenerme ocupada y llevarme un libro que me permitiera vagar por sus páginas durante un viaje. La elección fue a la ligera, he ahí que sea curioso lo que hace un libro, sobre todo si pensamos en hace cuánto fue escrito, en dónde y por quién y en dónde ha terminado esa sustancia de la que está hecho; después de traducciones, ediciones y largos intervalos de tiempo, de transformaciones inevitables y por puro azar  termina en algún lado, en la mente, y por tal en la vida, de personas inesperadas que ni siquiera fraguaban un encuentro. 

El segundo sexo es considerado por muchos como uno de los grandes textos para los estudios de género. Más allá de la categoría que resulta engorrosa, el libro fue incomodo, como se anticipa al reconocer la materia de la que se ocupa, y tal vez la incomodidad que generó llevó a la intervención de su contenido como sucedió con reproducciones pasadas en las que el texto fue fragmentado, alterando así la construcción e intención original. Contrastando con los manuales para complacer al marido de la época, el libro incomodaba en 1949. Al español fue traducido sólo medio siglo después de su publicación original en francés. La distancia temporal y espacial, si en concreto decimos que lo leemos desde Latinoamérica entrados en el siglo veintiuno, tal vez nos haría pensar en una reducción del efecto de incomodidad que genera en su lector la exposición a aquellas imágenes, sin embargo sus palabras son tan vigentes y pesadas aquí y ahora como lo fueron en otro tiempo y lugar. Un problema presente donde está cada mujer. En Latinoamérica, conviven muchas formas de mujer, que aún tienen que enfrentar problemas en relación al género que atañen a comunidades que viven en un tiempo distinto, que algunos pueden identificar como un tiempo "pasado". El trabajo de Beauvoir permite observar el problema en relación al género en extensión no sólo al pasado, sino a un presente, una forma de vida, que persiste en varios lugares del mundo. 

Para condensar bruscamente, porque no hay forma de hablar con tranquilidad de tremendo libro en este espacio: este habla de la identificación de la otredad como una característica común a la humanidad, "ninguna colectividad se define como Una sin colocar inmediatamente enfrente a la Otra". Hay una aparente característica inherente al hombre que consiste en definirse a partir de los que otros son o no respecto a él, esta ha motivado la diferencia de géneros. Trae de vuelta el lugar de la mujer en diferentes períodos, en diferentes lugares del mundo, pero con algo en común: nunca ha sido ella la dueña de su destino, nunca ha escrito ella su propia historia.


Respecto a las sociedades primitivas, de Beauvoir habla de la condición de la mujer, que desde siempre ha estado marcada por la servidumbre biológica a la que está sometida. A pesar de su fortaleza y habilidad muchas labores le resultaban incompatibles con la maternidad prolífica, lo que la destinaba a las faenas domésticas que eran más cercanas a sus posibilidades. La reproducción sin duda alguna requiere una gran parte de sí, en muchas situaciones está incapacitada para ocuparse de ciertas cosas, mientras el hombre ejercía el papel de protector, abastecedor y luchador, quien provee el sustento y la permanencia de la especie. Él es quién tiene la disponibilidad para arrasar con las fronteras, como el su impulso por rebasar el aquí y el ahora que caracteriza la especie lo solicita. En un tiempo conectado a la naturaleza, la mujer encarna el misterio del más allá de lo humano: está conectada a la Naturaleza y por ello al poder místico que rodea a esta. Pero el advenimiento de la propiedad privada, significa que la mujer ha sido despojada de su poder místico, el hombre que ya ha conquistado a la naturaleza y se dirige en otra dirección, la mujer tiene ahora una tarea importante: procrear, ayudar de esta manera a extenderse al futuro, heredarlo, y poco más en términos de construcción de mundo. Como objeto debe estar bajo la potestad de su padre o hermano o su marido, y sus "libertades" varían de sociedad a sociedad, pero a diferencia del hombre, no puede estar por su cuenta, es inimaginable que esté sola, constantemente está bajo custodia a lo largo de su vida. En la división de tareas, la que le corresponde a la mujer es limitada y no por eso ligera de llevar de siglo en siglo. Generalmente fuera de los escenarios de la historia (y también de los escenarios literales a los que sólo pudo subir a partir del siglo XVII, antes de ello los hombres jóvenes eran los que presentaban el papel de mujeres en el teatro), no ha tenido oportunidad de ser parte del descubrimiento del mundo o de la asignación de un sentido, ni siquiera para ella misma. Es escasa su aparición en la historia y su ausencia, sin embargo, no lleva a cuestionar en dónde estaba. Lo común es naturalizar que no esté en este tipo de escenarios.  Detrás de la familiarización con un mundo ajeno a las mujeres y la naturalidad con la que asimilamos su ausencia, hay una historia de varios siglos, una forma de abordar la diferencia que permanece inevitablemente, como recuerdo, como vestigio de práctica e inclusive como practica viva. 


Sucede también en lugares autodeclarados a salvo de las brechas de género. Lo común de los asentamientos urbanos es que sean centros de promoción de la idea de que se ha eliminado la diferencia basada en el sexo, que la equidad de género ha sido conquistada al reconocer a la mujer como un ciudadano con los mismos derechos y responsabilidades. La mujer como trabajadora, como ciudadana, como consumidora, "ha sido emancipada" o al menos está mucho más cerca de emanciparse. Las diferencias en la situación de la mujer actualmente respecto al pasado son claras: libre para trabajar, también ha sido liberada por los electrodomésticos de la carga que había estado destinada a desempeñar en sus núcleos inclusive ha ganado una repartición cooperativa de las tareas en el hogar con su compañero; los bikinis se han reducido considerablemente; se ha llegado al tampón, a la toalla higiénica, a la copa menstrual;  la libertad sexual se abre paso en el género; la educación del placer está en auge, el clítoris se descubrió completamente a finales de los noventa, "ninguna mujer vivió mejor que la mujer occidental del presente". No se puede negar la posible buena voluntad de quienes creen en esto y el envidiable optimismo. Hace falta solamente que crezcamos un poco más, que vivamos para caer de tal sueño; para diferenciar lo que pensamos es el "deber ser", lo que inclusive ha sido acordado por un número considerado como el "deber ser" y su incongruencia con la realidad.  Una vez fuera del sueño parece una broma que celebremos las proclamaciones de libertad sin una sombra de duda. Desde allí es un dulce y melancólico espectáculo. La brecha no ha desaparecido y resulta ingenuo creer que siglos de dominación desaparecerían por completo. Aunque dentro del mismo, a quince años de la inauguración de este siglo hay seguridad suficiente para declararse libre o "casi" libre y esta categoría es suficiente. Pero asegurar la libertad no es tan sencillo, no sólo porque en primer lugar definirla es complicado, sino porque negar la persistencia de la opresión no puede ser consecuente con la idea de libertad ni en la más abstracta de sus formas. Lo que persiste de la brecha en las ciudades es suficiente para reconocer ciertas limitaciones e imposiciones a las que una mujer aún debe enfrentarse y que están  igualadas a su naturaleza, transformadas en una carga social tomada por biológica, en terrenos de lo inevitable.

Una demanda insostenible sobre la que escribía de Beauvoir era la demanda por ubicarse entre el misticismo y la carnalidad. Sus palabras venían de 1949, y continúan teniendo sentido, mucho permanece intacto de alguna manera. Este es el problema que ella planteaba que en mi caso resultaba el más común y sencillo de observar (¿o el problema de cientos de miles de mujeres tal vez? Incluso el mío como mujer, si me juzga la categoría), la exigencia más imperativa de la actualidad, pero  también de un pasado:  
Pero no es dado indiferentemente a no importa qué mujer el servir así de mediadora entre el hombre y el mundo; el hombre no se contenta con hallar en su compañera órganos sexuales complementarios de los suyos. Es preciso que encarne el maravilloso florecimiento de la vida y que, al mismo tiempo, disimule sus turbios misterios. Así, pues, se le pedirá, antes que nada, juventud y salud, porque, al estrechar entre sus brazos algo vivo, el hombre no puede extasiarse con ello si no olvida que toda vida está habitada por la muerte. Quiere aún más: que la bien amada sea bella. El ideal de la belleza femenina es variable; pero ciertas exigencias permanecen constantes; entre otras, y puesto que la mujer está destinada a ser poseída, es preciso que su cuerpo ofrezca las cualidades inertes y pasivas de un objeto. La belleza viril es la adaptación del cuerpo a funciones activas, es la fuerza, la agilidad, la flexibilidad; es la manifestación de una trascendencia animadora de una carne que jamás debe recaer sobre sí misma. El ideal femenino no es simétrico más que en sociedades tales como Esparta, la Italia fascista y la Alemania nazi, que destinaba la mujer al Estado y no al individuo, que la consideraban exclusivamente como madre y no dejaban resquicio al erotismo. Pero, cuando la mujer es entregada al hombre como su bien, lo que este reclama es que en ella la carne esté presente en su pura artificiosidad. Su cuerpo no es tomado como la irradiación de una subjetividad, sino como algo cebado en su inmanencia; no es preciso que ese cuerpo desplace al resto del mundo, no debe ser promesa de otra cosa fuera de sí mismo: necesita detener el deseo. La forma más ingenua de esa exigencia es el ideal hotentote de la Venus esteatopígica, ya que las nalgas constituyen la parte del cuerpo menos inervada, aquella en que la carne aparece como un elemento sin destino. El gusto de los orientales por las mujeres gruesas es de la misma especie; les encanta el lujo absurdo de esa proliferación adiposa que no anima ningún proyecto, que no tiene otro sentido que el de estar ahí. Incluso en las civilizaciones de una sensibilidad más sutil, en que intervienen nociones de forma y armonía, los senos y las nalgas siguen siendo objetos privilegiados a causa de lo gratuito y contingente de su desarrollo. Las costumbres y las modas se han aplicado a menudo a separar el cuerpo femenino de su trascendencia: la china de pies vendados apenas puede caminar; las uñas pintadas de la estrella de Hollywood la privan de sus manos; los tacones altos, los corsés, los miriñaques, los verdugados, las crinolinas, estaban destinados menos a acentuar el talle del cuerpo femenino que a aumentar su impotencia. Entorpecido por la grasa o, por el contrario, tan diáfano que todo esfuerzo le está prohibido, paralizado por incómodos ropajes y por los ritos del decoro, es entonces cuando se le presenta al hombre como su cosa. El maquillaje y las joyas sirven también para esa petrificación del cuerpo y del rostro. La función del ornato es muy compleja; entre ciertos primitivos, tiene un carácter sagrado; pero su papel más habitual consiste en terminar la metamorfosis de la mujer en ídolo. Ídolo equívoco: el hombre la quiere carnal, su belleza participará de la de las flores y los frutos; también debe ser lisa, dura y eterna como un guijarro. El papel del ornato consiste, a la vez, en hacerla participar más íntimamente de la Naturaleza y en arrancarla a la misma; consiste en prestar a la vida palpitante la fosilizada necesidad del artificio. La mujer se hace planta, pantera, diamante, nácar, al mezclar con su cuerpo flores, pieles, pedrerías, conchas, plumas; se perfuma para exhalar un aroma como la rosa y el lirio: pero plumas, sedas, perlas y perfumes sirven también para disimular la crudeza animal de su carne, de su olor. Se pinta la boca y las mejillas para darles la inmóvil solidez de una máscara; aprisiona su mirada en el espesor del khôl y de la máscara, ya solo es ornato tornasolado de sus ojos; trenzados, rizados, esculpidos, sus cabellos pierden su inquietante misterio vegetal. En la mujer adornada está presente la Naturaleza, pero cautiva, modelada por una voluntad humana según el deseo del hombre. Una mujer es tanto más deseable cuanto más se ha expandido en ella la Naturaleza y más rigurosamente se ha esclavizado: es la mujer «sofisticada», que siempre ha sido el objeto erótico ideal. Y el gusto por una belleza más natural no es a menudo más que una forma especiosa de sofisticación. Remy de Gourmont desea que la mujer lleve los cabellos flotantes, libres como los arroyos y las hierbas de las praderas: pero es en la cabellera de una Verónica Lake donde se pueden acariciar las ondulaciones del agua y las espigas, y no en una pelambrera hirsuta genuinamente abandonada a la Naturaleza. Cuando más joven y sana es una mujer, más parece destinado su cuerpo nuevo y lustroso a una eterna lozanía y menos útil le es el artificio; pero siempre hay que disimular al hombre la debilidad carnal de esta presa que él estrecha entre sus brazos y la degradación que la amenaza. Es también porque teme el destino contingente de la mujer, porque la sueña inmutable, necesaria, por lo que el hombre busca en el rostro femenino, en su busto y sus piernas, la exactitud de una idea. Entre los pueblos primitivos, la idea es solamente la de la perfección del tipo popular: una raza de labios carnosos y nariz aplastada forja una Venus de labios carnosos y nariz aplastada; más tarde, se aplican a las mujeres los cánones de una estética más compleja. Pero, en todo caso, cuanto más concertados parecen los rasgos y las proporciones de una mujer, más regocija el corazón del hombre, porque parece escapar a los avatares de las cosas naturales. Se desemboca así en la extraña paradoja de que, deseando asir en la mujer a la Naturaleza, aunque transfigurada, el hombre consagra la mujer al artificio. Ya no es ella solamente physis, sino también y en la misma medida antiphysis; y eso no únicamente en la civilización de las permanentes eléctricas, de la depilación con cera, etc., sino también en el país de las negras de platillos en la boca, en China y en todos los lugares del planeta. Swift denunció, en su célebre oda a Celia, esta mistificación; describe con desagrado los perifollos de la coqueta y recuerda con disgusto las servidumbres animales de su cuerpo; se indigna doblemente sin motivo, porque el hombre quiere, al mismo tiempo, que la mujer sea bestia y planta y que se oculte detrás de una armazón fabricada; la ama cuando surge de las ondas y cuando sale de una casa de modas, vestida y desnuda, desnuda debajo de sus vestidos, tal y como precisamente la encuentra en el universo humano. El ciudadano busca la animalidad en la mujer; sin embargo, para el joven campesino que hace el servicio militar, el burdel encarna toda la magia de la ciudad. La mujer es campos y pastos, pero también es Babilonia.

Con todo, he ahí la primera mentira, la primera traición de la mujer: es la de la vida misma, que, aun revestida de las formas más atractivas, siempre está habitada por los fermentos de la vejez y la muerte. El uso mismo que el hombre hace de ella destruye sus más preciosas virtudes: entorpecida por las maternidades, pierde su atractivo erótico; incluso estéril, basta el paso de los años para alterar sus encantos. Achacosa, fea, vieja, la mujer produce horror. Se dice que está marchita, ajada, como se diría de una planta. Ciertamente, entre los hombres también la decrepitud espanta; pero el hombre normal no experimenta a los demás hombres en tanto que carne; no tiene con esos cuerpos autónomos y extraños más que una solidaridad abstracta. Es sobre el cuerpo de la mujer, ese cuerpo que le está destinado, sobre el que el hombre experimenta sensiblemente la decadencia de la carne. La «bella yelmera» de la balada de Villon con templa la degradación de su cuerpo con los ojos hostiles del varón. La vieja, la fea, no son solamente objetos sin atractivo, sino que suscitan un aborrecimiento mezclado al miedo. En ellas vuelve a encontrarse la figura inquietante de la Madre, en tanto que los encantos de la Esposa se han desvanecido. 

Tomado de la tercera parte: "Mitos".

El fragmento lo expresa con la seguridad que yo no podría escribirlo, hay un innegable destino cultural que empuja a la mujer a ser antes que todo fruto del deseo. Para ello se consagra a "parecer" más tiempo del tolerable. La carga de la mujer por ser mujer pesa, y por más que por asuntos relacionados a la biología. Su experiencia más común es ser apreciada sólo una dimensión, dimensión que no la satisface a ella misma; porque no puede ser satisfactorio del todo esconderse y negarse una gran parte de sí, si no doloroso, al menos arduo e incomodo trabajo. Se considera libre y a la vez, es presa de una demanda permanente sobre su cuerpo, que no le puede pertenecer del todo si las decisiones que tome sobre él dependen más de otros que de sí misma. Parece al menos apreciada en su corporeidad, pero no, su esta incomoda si no contribuye al deleite, entonces debe cubrirse mientras amamanta y la menstruación es tabú. Decide sobre su cuerpo con una presión social incontenible, la decisión de no continuar con un embarazo es expuesta al escrutinio, así como su vida sexual. Aunque disfruta de su papel como fruto y objeto del deleite, este sin embargo sólo es un fragmento de ella, que debe extender a fuerza, mientras calla el costo de mantener tremenda empresa. Debe ser un fruto deseado, callarse el ciclo, atender a la demanda permanente, continuar deseable en el tiempo y las condiciones que le aparezcan. Una de las tantas cargas y quizá la carga invariablemente imperativa que ha tenido que llevar el segundo sexo por segundo sexo: si no alcanza a los parámetros, enfrenta entonces el duro destino de no ser capaz de proveer la satisfacción deseada. O deseable o entonces destinada a un constante enfrentamiento consigo. Si los alcanza es la encarnación del placer y de la belleza, pero no tiene otra voz ni otra oportunidad más que como fuente de deseo. En espacios donde la mujer trasciende esto y es escuchada de otra manera la demanda sobre ella y su cuerpo continúa inherente a su presencia como mujer, y sobre ella sigue cayendo la misma demanda, más agazapada. Las excepciones son casos en que las mujeres han dejado de ser mujeres, para acceder a otra categoría: la de soberana o de mensajera de Dios, pero en todo caso han dejado de ser mujeres mortales, y por tal han dejado de recibir trato como mujeres, así que terminan por ser una excepción. Todo esto revela la carga considerable que la mujer común ha tenido que llevar, carga imperativa de la que debe ocuparse del modo en que se lo solicite su época; de cualquier manera en el tiempo, estándares costosos y en muchos casos una permanente servidumbre.

De Beauvoir no escribe con un tono victimario más bien, a diferencia de la pasividad que significa la victimización, escribe exhortando a la transformación, a las mujeres de su presente, a las que vendrán. Las pone al tanto desde su punto de vista de la carga histórica que tienen e inclusive hay un guiño a la responsabilidad, al "qué hacer" del problema. La cuestión planteada es, ya que las cosas han sido así, si debería perpetuarse tal estado. Si la mujer continuaría permitiendo que fuera "otro" quien definiera su historia. El segundo sexo, en algo reformuló la discusión; es un trabajo sólido que algo nos dice sobre cómo nuestro género ha repercutido en el tipo de experiencia social que tenemos (o hemos tenido) como mujeres, nuestras posibilidades y las reglas que caen sobre nosotras, implacables como las formas del Destino. Retomo el libro en este espacio no como una forma de exhortación a la acción (¿Puede haber acto más ingenuo hoy que exhortar a la acción con palabras desde un rincón en internet?) sino como un ejercicio de entendimiento de la frustración femenina y también una forma de compartirla.

Ya de Beauvoir mencionaba la tendencia a creer que no existe tal frustración, que la mujer no tiene nada que reivindicar. Ahora, la suposición de la libertad de la mujer en este siglo continua siendo un potencial obstáculo en su encuentro con ella misma. En muchos casos, una de las tantas mujeres del siglo XXI (porque son muchas las formas en las que se presenta) se ha salvado de oscuros destinos de los que en otro tiempo no habría podido escapar. Sin embargo, su libertad no está a salvo y su peor enemigo es la conformidad con lo que hasta el momento la historia, en mayor o menor medida, "le ha cedido". El acuerdo dentro de la comunidad a la que está afiliada por nacimiento tiene una cláusula que compromete su libertad. Fuera de la comunidad no hay nada, no parece haber salida: la razón por la que el Hombre, criatura indefensa, ha encontrado en la comunidad su lugar es porque sólo dentro de ella puede sobrevivir (la cooperación ha sido un factor más importante en la evolución que la competencia), ¿Cómo escapar, pues, de la comunidad y de la demanda heredada de siglo en siglo? Esto no significa, sin embargo, que las reglas de la comunidad no puedan cambiar, restablecerse, que la herencia no impida la renovación del ciclo (elemento indispensable para la vida). Lo sencillo: que algo ha sido no significa que debe (o debería) perpetuarse. La búsqueda de la igualdad de géneros como posibilidad real y a toda costa no puede ser el camino, porque es claro que nuestra historia misma no ha sido igual; es inevitable la diferencia, y en últimas es la diferencia (al menos en términos concretos de la correspondencia necesaria para la reproducción) la que sostiene la continuidad de la especie, y socialmente, es según la "diferencia" que se ha decidido el destino de unos y otros. Si bien no tan diferentes en nuestra naturaleza, más bien formas complementarias necesarias unas a las otras, culturalmente hemos sido separados. Suprimir la diferencia parece poco más que imposible. Pero la diferencia no es, si no lo convertimos en eso, jerarquía, y que la mujer continúe destinada a la porción más incomoda en la vida en colectividad no es asunto de diferencia sino de manejo de la diferencia.

Diversas mujeres afrontan tareas diferentes, difíciles, aunque no de la misma calidad de dificultad. No todas tenemos las mismas demandas con la misma intensidad: Algunas mujeres han tenido que luchar porque no se les cercene el clítoris, mientras que otras han tenido que esconderse para escribir. De circunstancias y raíces particulares surgen mujeres particulares también, con sus propios dolores. Sin embargo hay algo común a ellas (y al resto de la especie, y al resto de las especies sobre la tierra), algo que nos permite ver por qué la distancia entre la mujer a quien le han cercenado el clítoris no es tanta a la de la mujer a quien no le permiten escribir: su corporeidad, su realidad material con la que tiene acceso al mundo, trae consigo expectativas, imposiciones, en mayor o menor medida, un destino. Afronta grandes dificultades: reconocer esto, tal vez el obstáculo más significativo; vencer al misterio que es ella para el Otro y sobre todo para ella misma; resolver cómo hacer que su presencia como mujer no se convierta en una forma de vida marcada por una condena ineludible que parece "secretada de los ovarios", dictada por la naturaleza. Pero nada nuevo se ha escrito aquí, esta es simplemente una reseña que resulta no estar limitada a un libro, nos cuenta algo sobre el mundo y sobre el mundo que vivimos y experimentamos hoy, algo que marca la vida y la historia, en últimas que define los destinos: la experiencia de género.

Finalmente, dejo una propuesta que piensa el problema con una estrategia narrativa más interesante, además mucho más apta para un público cada vez menos seducido por los textos y más interesado en otras formas de imagen.


 

Otra de una artista mexicana a partir de una de las canciones del compositor Agustín Lara, Aventurera. Una bella versión y un video interesante, teniendo en cuenta que Lafourcade lo protagoniza en zapatos de taco alto.