domingo, abril 9

Reflexiones en primavera



Hace poco llegó la primavera a Alemania y en este hemisferio del planeta la vida volvió a manifestar su belleza con el resurgimiento de las hojas y el florecimiento de plantas y cerezos. Mi primer invierno me enseñó la fortaleza través de la imagen de aquellas plantas que se negaban a morir a pesar de las temperaturas. Gracias a la permanencia de los cuervos en las ciudades y a la visibilidad que le otorga la ausencia de otras aves comprendí a mayor profundidad la resistencia de la vida, y por supuesto también me permitió confirmar  la importancia del cuervo en algunas culturas que viven intensos inviernos, principalmente la razón. Mientras el paisaje casi que se unifica con la caída de la nieve y la mayoría de aves migran y otros tantos animales se esconden, los cuervos continúan su vida y llenan el ambiente de cantos que otrora me parecían sombríos.

La llegada de la primavera no sólo me permitió volver sobre el invierno e inclusive entender lo importante que le es a a la primavera sobre todo como símbolo, sino que también logré volver sobre aquél grupo de temas que da vueltas de vez en vez en mi cabeza: la esfera, la esfera de la tierra expuesta a la esfera del sol, al movimiento y el naturalizado misterio de la luz al ser tanto onda como partícula y la esfera de la historia, afectada por la de la tierra. Con la mano comprobaba que podía sentir la energía del rayo, podía marcar el espacio que tocaba el rayo pero no podía detenerlo o contenerlo, un ejercicio simple y milenariamente superado que no deja de sorprenderme, tal vez por ser lo más parecido que hago en relación a una práctica religiosa.

La entrada de los rayos de sol por nuestra ventana me trajo de vuelta mi caso en particular, otro lugar en otro tiempo, aquel valle en el que transcurrieron los tres primeros lustros de mi vida donde pocas veces dejé de ver el sol. Amar o enfermar bajo el sol tenía que ser diferente que hacerlo en ausencia de él, pensé. La sola posibilidad de ver crecer papayos y árboles de mangos y aguacates favorecidos por las temperaturas en los patios de las casas ya tiene que configurar cuerpos y tal vez estados mentales diferentes a los que favorecen otro tipo de intensidad en las temperaturas y en la luz. La cantidad de luz que modifica a los hombres en su fenotipo y les hace más resistentes a la radiación del sol también ha de modificarlos de otra manera. Tal vez es imposible probar exactamente qué tanto podría influir esto en la psyque, aunque algo se puede concluir de estudios comparativos sobre el comportamiento en temporadas opuestas por sus características durante el año, y en nuestra propia experiencia hasta ahora recolectada ha sido también visible que animales, plantas y bacterias, todos nos hemos adaptado a las temperaturas, a las curvas de la tierra, y hemos sido configurados materialmente por las reglas que definen las circunstancias climáticas; circunstancias que limitan finalmente las condiciones de la vida y con eso a la historia. Creo que esto último es quizás lo más apropiado para mencionar respecto a todos los pueblos sobre la Tierra y de este asunto ya se ha ocupado extensamente la antropografía o geografía humana desde el siglo XIX.

La humanidad ha observado desde la comparación de condiciones y circunstancias que crecer perseguido por el brillo del sol no podría ser lo mismo que crecer en otra parte del mundo, por ejemplo en un lugar que desciende por las temperaturas, donde se sufre el invierno y se celebra naturalmente la primavera y donde adquiere un nuevo sentido tal celebración. Tal elogio a la vida era ya un rito en la tradicional rusia pagana, esta era la oportunidad de danzar para convocar la primavera, a la vez que se "sacrificaba" una doncella con la intención de provocarla. Por supuesto no se trataba de sacrificar a la doncella sino del símbolo del valor que tenía la llegada de la nueva estación por el que el pueblo estaba dispuesto a sacrificar la fertilidad de una mujer y la promesa de descendencia que venía con ella. De hecho Stravinsky le dedicó toda una obra (musical y de ballet) en la que convirtió la tradición también en renovación.

La mención a la obra de Stravinsky no es en vano, esta obra para ballet es tanto en la música como en la danza portavoz de un nuevo tiempo en el mundo humano occidental. La consagración de la primavera o Le Sacre du printemps, como se titula originalmente en francés, es a  la vez manifestación de un nuevo tiempo a través de un arquetipo milenario. La configuración de la vida es, al menos desde esta forma de especulación, un escenario importante para la historia del ser que crece y vive en su seno. El humano, y sus manifestaciones: el arte, el amor, la guerra, la celebración, la comida, la vestidura, la cosecha, el racionamiento, el resguardo, la copula... son elementos que surgen de manera secreta envueltos en los tejidos de la vida, tocados por la oscuridad del misterio de la luz y la fatalidad de la esfera. Esto es, de una y otra manera, una historia ya de generaciones pasadas, y sin embargo una historia aún actual y accesible desde cualquier ventana que, como alguien lo escribió también décadas atrás, también puede ser un espejo. Detrás de pantallas y mundos digitales tal vez  es más fácil olvidar aquel fragmento de historia que nos han contado otras generaciones que se han movido sobre la tierra. Sin embargo, no hay modo de olvidar la naturaleza impresa en las estructuras de las carnes y la primavera parece, una vez más, la temporada propicia para desempolvar uno de nuestros ya conocidos, olvidados pero redescubiertos secretos.



miércoles, febrero 1

25

Ad portas de mi cumpleaños número veinticinco y a propósito del retorno de la discusión sobre muros sólo puedo describir la sensación de este preciso momento en mi propia historia como una división de tamaño comparable a la que pueda crear el concreto. Por un lado, la distancia que ha puesto el invierno entre el sol y mi cuerpo me duele en la carne y me perturba la conciencia. En ocasiones me sueño en Colombia, ya sea en la selva con los pies descalzos respirando el olor a fértil tierra mojada, o en el bosque seco en donde está Cúcuta contemplando ese verde particular que toman las plantas después de un aguacero, o en alguna playa de su Caribe de nuevo descalza a resguardo del sol y tendida en una hamaca entre palma y palma.

Por otro, a veces me encuentro una que otra cosa que de inmediato me envuelve en un mundo distinto. El fin de semana pasado, por ejemplo, fuimos a Colmar. La belleza colorida y dulce de la ciudad me devolvió algo de calor al espíritu y me trajo de vuelta la fascinación por una historia dividida entre franceses, suecos y alemanes. Algo que a la distancia de siglos y décadas puede leerse como el encanto europeo de tejidos entrecruzados a razón de cohabitar en una tierra relativamente estrecha para el tamaño de las aspiraciones expansionistas de los hombres. Algunas otras veces, con diccionario en mano, o para ser más sinceros, en la punta de los dedos, me sumerjo en alguna lectura; leo sobre Bach e inclusive intento seguirle en mi paso, bastante lento, en un instrumento poco considerado por él, la guitarra, o entro en las cartas Kafka y en textos como aquél famoso fragmento que nos incita a la lectura de aquello que nos estremezca el espíritu, libros que rompan el mar congelado que habita dentro de nosotros. Ni Kafka ni Bach habrían surgido en un mundo distinto: Bach no habría podido crecer de tal manera sin ayuda de una corte europea y sin el invierno Kafka posiblemente no habría llegado a la imagen del mar congelado y este razonamiento me devuelve de nuevo a mi presente y a la oportunidad de descubrir una realidad a la distinta en la que vi mi origen.

El resto del tiempo lo dedico a tareas que me devuelven la sensación de unidad: el cuidado de las plantas, la escritura, la comida, el entretenimiento peligrosamente anestésico y a soñar con que en este mundo o en el otro puedo encontrar un lugar para mí, un propósito. Algo que no logré encontrar en mi propia lengua y que tampoco he encontrado en otra. Sigo trabajando para poder fabricar algo que me devuelva eso que desde hace un par de años no he podido encontrar allá o acá. La división se desvanece cuando recuerdo este punto y vuelvo a mi persistente inquietud de cómo lograron otros hombres en otros mundos y otros tiempos encontrar su propósito. Cómo encontraron la fortaleza y la sabiduría (o la debilidad y la tontería) para reconocer (o crear o creer en) su causa y dedicarse a ella a plenitud.



jueves, noviembre 12

Plath: Mujer en la novela, mujer en el tiempo


Time is a great machine of iron bars
That drains eternally the milk of stars.
Sonnet: To Time

Últimamente me he visto perseguida por la idea del tiempo y el género como factores decisivos en la formación de nuestros destinos. Cuando hablo de la formación de destinos me refiero a la forma en la que el tiempo en el que vivimos y las circunstancias de ese tiempo terminan por definirnos y también cómo el tiempo trata a una misma vez a un género y otro de formas radicalmente diferentes. Este es un factor a considerar en toda la historia de cada individuo, de este dependerá el nombre y el color de la ropa (estrictamente los azules y rosados marcaban la diferencia en un pasado muy cercano), la educación, lo que está permitido saber, ver y lo que no y, finalmente, la formación para un hacer y un ser: cómo comportarse socialmente, cómo adaptarse a los parámetros estéticos de su época. Me ha sido inevitable encontrar montones de manifestaciones de aquellas palabras, tal vez porque  me he visto a mí misma definida por mi género y por "mi tiempo" y más que a mí, a tantas otras criaturas; desde mi lectura personal como una manifestación más, apareció la única novela de la norteamericana Sylvia Plath.

The Bell Jar presenta la voz de una jovencita brillante y prometedora recién despertando en su condición de mujer en los años cincuenta en Estados Unidos. Esto es,  el descubrimiento del juego de la sexualidad, la aparición de las expectativas corporales. el discurso de la ley de la castidad, la exposición a la desnudez. Esto último, natural Mientras la desnudez femenina ha sido ampliamente explorada y explotada, la desnudez masculina, en cambio, ha permanecido de alguna forma oculta, Plath reconstruye este descubrimiento desde el ángulo de una joven, y contrario a lo que un público acostumbrado a la explotación de la libido esperaría, el encuentro resulta tan excitante como encontrarse con un plato de mollejas crudas o con un cuello de pavo.

La crudeza de la genitalidad masculina es sólo un momento en la vida de una mujer y sólo un episodio en la novela mientras la presión de cumplir el rol al que está llamado finalmente el sexo en su sociedad es una preocupación vitalicia. En el tiempo de Esther Greenwood, el matrimonio y la maternidad eran, más o menos, destinos implacables. Las niñas crecían con la idea del matrimonio como la cumbre de la realización personal, el día más feliz de la vida, y la formación como esposa era por tanto parte de la educación esencial para una mujer que debía ser entrenada para tal servicio. Su destino se asoma de diferentes maneras, la más próxima era la historia de las mujeres a su alrededor, la de la madre de su novio, que como esposa de un profesor de universidad y profesora ella misma, dedicaba sus horas a la limpieza y la cocina.

La obra explora varias dimensiones de la tontería humana, como la compra innecesaria de un atuendo costoso e incomodo, pero también presenta problemas difíciles de medir como el de la salud mental y el tratamiento de la depresión, enfermedad que asociaba en la novela con la sensación de estar dentro de una campa. De la depresión se sabía muy poco hace sesenta años, cuando empezaba el descubrimiento que involucró experimentos con tratamientos como terapias electroconvulsivas y lobotomías sobre pacientes que no respondían a la medicación. En la novela, Esther debe enfrentar un problema difícil de controlar, que la lleva a las terapias de choque, al intento de suicidio y posterior reclusión en una casa de reposo. Esta obra semi autobiográfica incluía episodios de la vida de Plath que ficcionalizó y aunque se ha querido (y en muchos casos se ha necesitado) anunciar la muerte del autor, en muchos casos y en este en particular es realmente complicado separar al autor de su obra. Es común practicar la lectura e imaginar quién está detrás de las palabras, inclusive lanzarse al ejercicio de leer en la vida lo que no nos dice la obra. En este caso es una tentación teniendo en cuenta la historia del personaje principal y lo que se sabe del final de la de Plath un mes después de su última publicación, con la cabeza en un horno y la intoxicación por gas. Sin embargo a tal distancia lo único que podemos afirmar es que Plath se enfrentó a su tiempo y dejó una obra que nos permite, entre otras cosas, repasar el problema de la mujer y de la mujer en el tiempo. Qué tan diferente es su tiempo del "nuestro", es la pregunta con la que no puedo evitar encontrarme al final de aquellas páginas. 

lunes, octubre 12

Recordar un doce

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"Ninguna bestia de ninguna manera vi, salvo papagayos". De esta manera concluía el registro de Colón del once de octubre en su diario sobre la llegada a Guanahani, que después sería recordada como el inicio de una trasformación trascendental bajo distintos nombres; y naturalmente, no todos los pueblos recordarían la misma versión de la historia. Mientras el doce de Octubre es en Colombia y algunos otros lugares de Latinoamérica El Día de la raza,  en España es el Día de la hispanidad, una celebración nacional que ve la colonización como un triunfo que define parte de una identidad. En otros lugares el día no está dedicado a Colón, sino a las resistencias indígenas como sucede en Venezuela y Argentina. En el caso de Chile se conoce como el Día del descubrimiento de dos mundos, aquí el nombre de la celebración no sólo reúne una dosis de dramatismo justa sino que además señala con gran precisión lo que se conmemora: El encuentro de realidades diferentes (incapaces de comprenderse y a las que sin embargo su falta de entendimiento no impidió que se mezclaran a fuerza de dominación justificada por una fe o de resistencia y sincretismo) definiría una parte importante del mundo. La conquista fue el inicio de la conformación de la cultura de millones de personas, la muerte de millones de otras y el comienzo de una carrera que hoy la historia recuerda como un triunfo en unos casos mientras en otros es la realización de la desdicha. En ambos se puede decir con igual sentido que así inició la vida de América como América y América a los ojos del viejo mundo.

Durante los primeros siglos América no es vista tanto como imaginada a la medida de las mentalidades que se acercaban a ella. Como mundo recién visto por los ojos europeos fue el lugar idóneo sobre la Tierra para trasladar sus mitos: el Dorado, el Edén, las amazonas, eran algunos de los mitos que encontraban en el nuevo mundo una posibilidad de existir. "El descubrimiento podía servir de escenario a todas las ideas de primitivismo que Europa conocía", escribe Rojas Mix. Las imágenes de América han variado tanto como las transformaciones del imaginario pero la imagen que proliferó en primer lugar era aquella en la que América correspondía con el descubrimiento del paraíso del que el viejo mundo había sido expulsado. El ejemplo que nos podría servir para esta es el la imagen de un papagayo, Adán y Eva del siglo diecisiete que no es una creación completamente original de Rubens, aunque tiene sus particularidades, sino una copia de la obra que había pintado Tiziano a mitad del siglo dieciséis. En esta copia hay variaciones importantes como la forma corporal de Adán, la cara del querubín en el árbol y la presencia de un papagayo rojo que renueva la historia del génesis con un toque del nuevo mundo. Mientras Adán intenta evitar que Eva tome el fruto, la escena es contemplada por un papagayo que se interpreta como la presencia del "bien" o lo "bueno" frente a otros símbolos que estaban en la pintura original de Tiziano. Pero América no serviría solamente para construir un Edén, había espacio suficiente para otras representaciones y para criaturas cargadas de distintos significados. El doce de Octubre Colón documentó no haber visto bestias sino papagayos, pero otras muchas bestias habrían de emerger de grabados, testimonios y crónicas sobre el nuevo mundo. Aquellas eran imágenes a partir de América que diferían de lo americano, eran más bien presentaciones a partir de América en la mentalidad que la descubría. Así aparecían, por ejemplo, figuras y testimonios sobre los ewaipanomas, criaturas acéfalas cuya cara estaba incorporada al tronco, o sobre orejones, que como lo indica su nombre ostentaban largas orejas o los gigantes que Magallanes describía en sus crónicas. El rumor de la monstruosidad se reproducía no sólo en cuerpos fuera de proporciones, de las mismas reglas de la naturaleza, también se observaba en las prácticas: el canibalismo, el sacrificio ritual de humanos, inclusive el parecer "gente muy pobre de todo (...) todos desnudos como su madre los parió", como escribe Colón para el mismo día de su llegada a la primera isla en el diario, justificaba la instalación. Ante los ojos del otro, eran pueblos desprovistos de cultura y de religión, de practicas horrorosas. La conquista se convertía entonces en una campaña de "culturización" que se legitimaba a sí misma. Espadas, Cruces de madera y oro serían las armas principales. A ojos del conquistador la falta de humanidad o la humanidad inferior facilitaban el ejercicio de la dominación, convencidos de que llegaban cargados de una verdad que debía poner orden al nuevo mundo.

La dureza de las practicas quedó para la posteridad en obras como Brevísima relación de la destrucción de las indias de Fray Bartolomé de las Casas, en la que hace una denuncia como ninguna otra en su tiempo, con el agregado de que venía de un hombre que había peleado del lado de los conquistadores y también había sido comendero antes de recibir las órdenes y posteriormente renunciar a sus encomiendas. La lectura que hace la historia actual clasifica de poco fiable la denuncia de de las Casas, sin embargo, los Estudios Literarios realizan una lectura mucho más amplia del texto y toma exageración en la cifra de muertes en la denuncia del Fray como un recurso estilístico que el autor usa con la intención de sensibilizar y convencer a toda costa de los horrores de la administración española en el nuevo mundo. En tal lectura tampoco pasa desapercibido que aquellas denuncias se extendieran debido un choque de intereses entre la conquista con la espada y la conquista con evangelización. A pesar de esto no se considera que el documento pierda valor como objeto literario ligado a la realidad social de una época en la que la escritura, en su sentido más estricto y al menos hasta tiempos de Fray Bartolomé, era una herramienta conocida y de hecho útil para los europeos.

El nuevo mundo estuvo, una vez identificado por el otro, puesto al servicio de él, no sólo en la materialidad, en la explotación de recursos y mano de obra sino también al servicio de un imaginario. Todo esto vuelve a la memoria más fácilmente en un día como este y las reacciones de parte de los latinoamericanos no superan el lamento histórico por un pasado degradante e inmerecido que tomó forma de destino. No se puede ignorar que lo que ha hecho este continente lo que es, ha sido la suma de realidades, muchas veces terribles, como la esclavitud y aún más terribles como la abolición de un pasado original; un personaje de García Márquez decía de América que era "un continente concebido por las heces del mundo sin un instante de amor: hijos de raptos, de violaciones, de tratos infames, de engaños, de enemigos con enemigos". Así surgieron naciones que aún conviven con muchos de los problemas provocados por la forma en la que surgieron y sin duda es un doloroso origen que nos lleva a un conflicto con la propia existencia e inclusive muchas veces a ejercicios inútiles como luchar contra eventos y personajes de siglos atrás, tomando posiciones de cazadores de fantasmas. Deshacer estas realidades a través de ejercicios de suposición de cómo habría sido el mismo mundo con otro origen no parece más provechoso. Antes de pensar de esta manera, sería conveniente preguntarse algo, ¿después de todo no son los Hombres de hoy en gran parte los Hombres de hoy por lo que sucedió en el pasado? ¿Aunque renieguen de su existencia producto de tal pasado, renunciarían a ella por voluntad propia? En Del sentimiento trágico de la vida Unamuno escribía sobre la tendencia natural de la vida, del hombre por tanto, a conservarse a sí mismo, su deseo de permanecer, de perseverar en su "ser", de perpetuar su existencia: "Más de una vez se ha dicho que todo hombre desgraciado prefiere ser el que es, aun con sus desgracias, a ser otro sin ellas. Y es que los hombres desgraciados, cuando conservan la sanidad en su desgracia, es decir, cuando se esfuerzan por perseverar en su ser, prefieren la desgracia a la no existencia".  Hay muchas formas de recordar el pasado, y parece que lo único que le queda al hombre que se reconoce en un origen desgraciado, pero que no puede ni quiere o debe renunciar a su existencia es llevarse más allá de las desgracia.

miércoles, septiembre 30

Cerrar (un acuerdo), la paz en Colombia y la inevitable naturaleza del ciclo

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La Tierra está definida por ciclos que dependen de la relación del planeta con el sol, la vida se ha formado dentro de aquellos tejidos. Esto deja claro por qué equinoccios y solisticios se han celebrado como garantía de vida desde tiempos remotos. Hoy varias culturas continúan con la celebración de las fases del ciclo solar, y en el caso de muchas otras que han dejado de relacionarse con el cielo como el proveedor de información necesaria para la supervivencia, el ciclo es aceptado comúnmente como símbolo de vida. La idea del ciclo como un  movimiento periódico que al terminar su recorrido empieza de nuevo desde el mismo punto no sólo está asociada a la vida, sino que como concepto sirve para pensar fenómenos de otras dimensiones en la fisiología, en la matemática, en la historia.

Hace unos días se celebró el equinoccio que marca el inicio de otoño para el hemisferio norte y de la primavera para el sur y con esta celebración coincidía el anuncio sobre el acuerdo de paz en Colombia con uno de los grupos guerrilleros más conocidos del mundo occidental, según esto el enfrentamiento tendría caducidad. En tal punto del año, la promesa del resurgir histórico que se anuncia con la víspera de la paz se presenta tan inquebrantable como la promesa del ciclo. Los diálogos iniciaron en el 2012, seis meses antes de que se anunciaran públicamente, y la Habana fue el lugar que se fijó para los encuentros. Cuando se anunció el inicio de los diálogos en Cuba las nuevas generaciones difícilmente recordaban lo que la revolución de 1959 había significado en general y en términos más concretos su repercusión en la historia. Hoy la revolución cubana es en muchos casos vista sólo como un recuerdo, el comienzo de un régimen o una "dinastía familiar"; en otros tantos el tema ni siquiera enciende una luz, a simple vista no tiene nada que ver con el mundo de hoy. Además de ofrecer el lugar y el ambiente político propicio para los diálogos hay una relación muy sencilla que pasa desapercibida entre Cuba y Colombia que nos complacemos en curiosear y que explica por qué Cuba es un lugar peculiar para cerrar, como es ineludible en el ciclo y también en el ciclo de la historia, el acuerdo que fija un precedente en medio siglo. Para ver esta relación hay que regresar en el tiempo, aunque hay que advertir que es un viaje simplificado por la escritura.

La revolución cubana, como otros acontecimientos que han influido en la historia, fue un suceso que ofreció un espectáculo que encantó al mundo y que popularizó un mensaje, en este caso el mensaje transmitía la posibilidad de hacer una revolución inclusive a una irónica distancia de su principal oponente. Cuba era "libre" desde inicios de siglo, pero los intereses norteamericanos controlaban la isla antes de la revolución, con esta una promesa emergía de Cuba y viajaba por el mundo fertilizando la mente de generaciones y espantando a tantas otras que temían el comunismo y que veían en esta revolución el crecimiento amenazante de aquel sistema. El bloqueo económico fue un problema que tuvo que afrontar la revolución muy pronto y durante los primeros años esta carga no parecía más que engrandecer el valor de la resistencia. Los ojos del mundo estaban sobre "la perla del Caribe" y tal popularidad atrajo el interés que se vio reflejado de diferentes maneras, una de ellas el incremento de la demanda editorial. Sin embargo, la popularidad caducó pronto, en los años setenta, con ciertos acontecimientos, decisiones y medidas políticas que modificaron la apreciación sobre el proyecto que se llevaba a cabo y la estimación fue de "revolución" a "régimen" progresivamente. Aunque no hay que dejar de mencionar que muchos continuaron del lado de la revolución, el mundo parecía, además del bloqueo económico que ejercía Estados Unidos, cerrarle las puertas. De esto tomamos una parte y sobre todo un punto en particular: la promesa que  la revolución creó para muchos y que contagió a una década (¿qué sería desligar los años sesenta en el mundo occidental de la revolución cubana?). Aquella promesa tuvo repercusiones en la forma del mundo de ese entonces (y del mundo posterior, el que vivió la ruptura de esa promesa). La revolución se presentó como una posible solución a los conflictos que enfrentaban otros grupos humanos y como idea tuvo una tendencia expansiva; Cuba fue el modelo de cómo hacerla posible. Los grupos de guerrillas surgieron en diversos lugares como brotes de pasión revolucionaria que veían en la estrategia militar la posible solución a los problemas que los aquejaban en sus propias circunstancias. En una de sus famosas declaraciones en 1962, La segunda declaración de La Habana, Fidel Castro, se refiere a las fuerzas que querían quitarse la cadena de la dominación, a quienes venían armados de "piedras, palos y machetes defendiendo con su vida la tierra que les pertenece (...)  llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas, haciéndolas correr en el viento por entre las montañas o a lo largo de los llanos" a por el restablecimiento de la justicia negada. Y en efecto la formación de guerrillas fue una realidad, una señal que arrojaba la historia en su época. Numerosas guerrillas surgieron y Cuba fue un faro importante para algunas de ellas. Hay varios ejemplos que pueden servir para ilustrar la situación: Guerrilha do Araguaia en Brasil; Movimiento de liberación nacional los Tupamaros en Uruguay; Ejército revolucionario del pueblo en Argentina; Ñancahuazú Guerrilla en Bolivia; Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia. Muchos otros grupos surgieron en aquél tiempo pero estos se pueden vincular sin mayor titubeo con la influencia de la revolución cubana y en algunos con la presencia misma del Che, hasta su captura y ejecución en Bolivia. Inclusive al continente africano, concretamente a Ángola, se trasladó apoyó militar de parte de la revolución cubana.. El marxismo y la revolución rusa influyeron en esta conformación de pensamientos, así que no se puede hablar de una idea que se extendió por causa de la revolución cubana, sino de todo un proceso de acumulación de ideas revolucionarias que se puede rastrear a varios eventos y lugares que bajo las condiciones de injusticia tuvieron la oportunidad de brotar. Sin embargo, Cuba era el antecedente más cercano, la revolución francesa estaba atrás en el tiempo y había sucedido en un continente diferente, con gentes diferentes, a fin de cuentas había sido una revolución burguesa; la revolución rusa era también lejana en la geografía y el tiempo, aunque aparentemente viva para unos en la Unión Soviética. Cuba, en cambio, está muy cerca en mucho sentidos: es una isla en el Caribe que comparte la lengua y los procesos de Latinoamérica, esto le permitió tener una gran repercusión en el área.

En su cercanía con Colombia se puede decir que tienen en común procesos de esclavitud, dominación y exterminación que vivieron como colonia española (y cristiana) y los residuos de ello en su historia posterior definida por violentas luchas internas por modificar la administración. La revolución llegó a Cuba por la gestión de una guerrilla que se ocultaba en Sierra Maestra. En Colombia, desde finales de los años cuarenta habían surgido guerrillas liberales que se alzaban en armas como reacción al conflicto bipartidista que se refugiaban en los intrincados espacios de la geografía. El comunismo estaba presente y por un breve período estuvo asociado con sectores del liberalismo del lado del que combatió, pero posteriormente se convierte en un grupo al que conservadores y liberales combaten por igual, y que después de la creación del frente nacional es objetivo principal de exterminación por parte del Estado. Habría que resurgir, de otra forma, con otra organización y otra forma militar y política, y así surgieron las Fuerzas armadas revolucionarias. Las Farc se dieron a conocer oficialmente bajo este nombre en 1966 con la Segunda conferencia guerrillera del bloque sur con lo que presentaban también un programa político y militar, una estructura definida y unos objetivos también claros. La experiencia dejada por la lucha guerrillera que había iniciado como parte de la guerra entre partidos le había dado a la organización de ese entonces, que consistía en 350 miembros, la experiencia suficiente para continuar con propósitos más ambiciosos y con una organización más clara, la gran lección que las guerrillas cubanas habían dejado para el proceso. Desde entonces este cuerpo armado fue fortaleciéndose, en estrategia y en recursos, y con el tiempo su existencia se volvió más compleja que un grupo que acude a las armas para restablecer la organización cargado de deseo de justicia, furia y machetes. La inspiración que Cuba ofreció no es lo único que se puede atribuir a su relación con las guerrillas colombianas. Se señala en la isla el origen de parte del entrenamiento recibido por miembros de las Farc y otros grupos guerrilleros como el ELN y el M-19. También ha sido el gobierno cubano, que hace menos de un año reactivó sus relaciones con Estados Unidos, intermediario en el proceso de negociación con estos grupos.

El equinoccio celebrado hace poco expide una fecha de caducidad para parte de este conflicto y nos recuerda la celebración del ciclo como anticipación de la vida. Desde La Habana, donde el Fidel de los sesenta hablaba de una revolución de los pueblos en América "armados de piedras y machetes", hoy se persigue ya no la expansión de una revolución sino un acuerdo que pretende disminuir el impacto de la guerra en Colombia. El acuerdo promete entre otras cosas el cierre del ciclo y la inauguración de un tiempo diferente que llaman al detractor, no a creer ciegamente en la disolución de los problemas políticos, sino a no interponerse a una clausura necesaria para la regeneración de la historia.